miércoles, 23 de mayo de 2012

Una identidad para Beatriz


Beatriz María, así dice mi cédula de identidad, y mi partida de nacimiento. Así fui inscrita en ese cuadernito de jefatura civil en el que todos somos etiquetados como si fuésemos mermeladas en anaquel de supermercado. 

Beatriz, 7 letras que me nombran, Beatriz como mi madre, como mis 3 tías, como mi prima-hermana, como mi hermana mayor. Beatriz, como la del Dante, como la reina de Holanda. En el colegio, en clases de inglés era simplemente: Beatrice, como la hija regordeta de Sarah Ferguson-Duquesa de York-.

Entre tantas Beatrices, hubo que buscarse un apodo. ''Bea'' ya estaba ocupado por alguna de las mayores, y mi hermana, decidió en medio de balbuceo infantil que sería ''Batita''. Muchas historias detrás de ese sobrenombre, que me ha acompañado todos los días desde que tengo memoria.

Amigos, conocidos, panas, profesores, familiares han hecho del ''Batita'' el nombre con el que volteo. Con el que me graban en sus celulares, con el que me saludan por la calle. El Beatriz ha quedado reservado a pocas personas y a escasos momentos. Los regaños y reclamos se le hacen siempre a Beatriz. Las propuestas, invitaciones, confesiones siempre a Batita. Y el Bea, el Bea es ese nombre con el cuál solo algunos me llaman. Decir Beatriz, es -casi siempre- un detonante de conflicto y show. Decir Batita es llamar al alma de la fiesta, a la amiga siempre dispuesta a inventarse un plan, es decirle a la activista política que hay en mí que la necesitan en algún lugar para que discuta y salve la situación.

Batita tiene una cantidad insólita de derivados, como Bati, Batibati, Beta, Bat, Bats, Batichica. 

Tan variados como las actitudes que cada una de ellas emana, la @Batita_Gonzalez no es más que una Carrie Bradshaw en ciernes, que dispara tweets liberales,libertinos, filosóficos,mal intensos a dosporuno. Es tan solo una de las tantas que soy, La Batita 2.0 que bloggea, escribe, tuitea, es como la manzana del laberinto de Adán, mitadmentira-mitadverdad. Es el álter ego en el que la inseguridad se refugia. En el que los porqués se resuelven. En el que el atractivo y la confianza hacen acto de presencia. Batita tiene cervezas, rones, vaqueritos rojos y vestiditos cortos de vida alegre. Es autosuficiente, y se viste con una actitud de ''qué más da''. Se subraya los ojos con negro, y se resalta la boca de carmín. Conflictiva, miesteriosa, retadora. Batita tiene tinte de femme fatale de cine francés de la década del cincuenta. Batita no es del todo Beatriz.

Bea, es la titular de la vida 1.0, mucho menos divertida que ese circo virtual que se monta la Batita. Beatriz tiene deudas, responsabilidades, compromisos. Obligaciones, cuentas por pagar, to do lists por consumir. Sueños, temores, éxitos, fracasos, ídolos rotos, un corazón remendado y un miedo total y absoluto a la soledad. Beatriz tiene lentes de pasta, ojeras y un par de kilos demás. Una cantidad de libros en la mesa de noche, una serie de pensamientos de izquierda atrapados en el medio de sus dos cejas. Humanitaria, solidaria, con ganas de encajar en algún sitio. Busca la horma de su zapato, y la fórmula de la vida eterna. Bea, tampoco es Beatriz.

Beatriz aún está definiéndose, no quiere ser ni Bea, ni @Batita_Gonzalez 24/7. No quiere los temores de la primera, ni el estilo de vida de socialité de la segunda, porque tanto miedo deprime, y tanta fiesta agota. Porque no hay mal que dure cien años, ni fiesta que no se acabe. No quiere vivir en la sala de espera donde Bea busca entre páginas amarillentas de revistas viejas como ser ''La Chica Diez''. Pero no quiere desgastarse la cara de tanto maquillaje y flash, de tantas burbujas rodando por la garganta, ni tanto baile acumulándose en las piernas. No quiere depender de la 2.0 ni de bloggear para hacer catarsis. Quiere seguir escribiendo, en otro formato, sin seudónimo. Quiere que ese otro que lee, no se invente historias, que los alter egos están diseñados para entretener, nada más.

En resumen, Beatriz quiere ser un poco como Bea, a ratos como Batita, y finalmente quiere vivir, y que ya no le quede tiempo pa' otra cosa.

jueves, 3 de mayo de 2012

Ccs, 212 ciudad de ¿despedidas?



Caracas, una ciudad de despedidas.

Como ustedes saben yo no me edito nunca, pero tampoco soy una ''hater'' de oficio. Así que voy a dar mi visión del  documental, después de haberlo visto 3 veces.

No voy a criticar la producción ni mucho menos, creo, que de audiovisuales sé lo que sé de física cuántica, así que me ahorraré esos tecnicismos. Solo comentaré que el soundtrack me gustó y ciertos planos como las tomas del Ávila y de la ciudad.

El tema con el documental es que no llega. Que el mensaje se pierde. Que no me siento identificada.Que los testimonios de los chicos son plásticos, carentes de motivo/emotividad. Que las razones son tan erróneas. Que no me conecto con ninguno. Que siento que ellos viven una realidad disociada a la mía. Que ninguno trabaja/estudia, patea las calles, se involucra con el entorno. Que pierdo la fé en mi ''generación''. Que cuando cerré la ventanita del navegador solo podía decir ''coño, ojalá estos panas se vayan''.

Que hay gente que se va y tiene la vida resuelta, que tiene pasaporte europeo o visa gringa, pero hay otros que pasan roncha seria para salir de aquí. Y ellos no han sido incluidos. Que estamos los otros, en los que me cuento, que tenemos el corazón dividido entre dar la pelea aquí, o irnos pal carajo pero que no tenemos como, porque ''¿con qué rabo se sienta la cucaracha?''. Que de una u otra forma sentimos que ni siquiera posaron su mirada fuera del ghetto en el que cada uno vive, porque sí, vivimos en ghettos, el del Oeste, el del Este, el del Sur el del Norte. Ghettos que han sido sitiados por nuestros temores, por el hampa y la comodidad de no salir de ''mi zona de confort''.

Que sí, en Caracas -la quinta ciudad más peligrosa del mundo- roban, matan, violan, secuestran, pero no todo es sangre y miseria. Que hay esperanza y gente con ganas de echar pa' lante. Que es verdad, todos tenemos un cuento de alguien a quién ''le tiraron un quieto'', y al que ''ruletearon por horas pa' cobrar un rescate''. Tenemos colas, tráfico, bulla, colapso en el Metro. Pero los testimonios de los protagonistas de Caracas, Ciudad de Despedidas son las anécdotas de un grupo de panitas que -mandibuleo alante- nos narran sus planes cuando crucen esta frontera llamada Venezuela.

Lo he dicho antes, Caracas es bonita y conflictiva, como una mujer que ha querido mucho y la han querido mal. Y no tengo rollos con que decidan irse, siempre y cuando se vayan por las razones correctas, sin ''peros, oseas, ni pues'' que valgan.

Porque el tema del documental es increíble,pero fue muy mal llevado. Porque es doloroso ser parte de esos países que paren emigrantes, que es triste tener amigos por Skype, FB, Twitter. Que las Navidades sin tener a nuestra familia completa, y que conformarnos con la pseudo cotidianidad que la globalización nos da, es peor que vivir en medio de esta ciudad.

Porque no responde a mis preguntas básicas, cómo irse, a dónde, con quién, que pasa con el que se queda, con el que se va, con el que tiene que hacer cola para Cadivi, con el que cuenta los husos horarios para poder tener contacto con ese que está lejos...

Y yo, yo no me iría, porque -en palabras de Fito- cuando vos elegís la razón, yo prefiero siempre un poco de caos.

p.d: Lean ''Introducción al Símbolo de la Fe'' de Reinaldo Arenas, y sientan como yo, que sigo buscando  PATRIA

miércoles, 18 de abril de 2012

Epístola de amor en tiempos atípicos.

Y este año, volví a mandar mi carta al concurso Montblanc, a diferencia del año pasado esta carta quedó detrás de la ambulancia, pero yo soy muy mala perdedora y además quería actualizar el blog y decidí compartirla aquí. Lean, comenten, disfruten, compartan, amen, y escriban cartas de amor. En serio.


Querido Alguien:

Tal vez no te esperes esta carta, pero es que me he puesto a pensar... y ¿si es verdad que el mundo se acaba en el 2012?, ¿si estamos aquí solo de paso, por qué no decirte lo que siento?

 Voy a darte esta carta, que es de amor, que está llena de sentimientos y promesas por cumplir. Una carta que más que todo tiene esperanza, una esperanza que me anima a confesarte lo que siento por ti, sin pudores ni remilgos de recién conocidos. 

Una carta que no espera respuesta, porque creo firmemente que es mejor dar, que recibir, porque yo solo se querer ''dando'', y hoy, voy a darte mi amor en 4500 caracteres.

Quiero comenzar diciéndote que me gusta como eres.

Corrijo, me gusta quién eres, y como soy cuando estoy contigo. Porque me siento cómoda en mi propia piel y no tengo porque andar fingiendo ser otra.

Me gustas, porque tienes la mezcla perfecta entre ternura y sensualidad, entre inteligencia, sentido común y practicidad.

Me gustas, porque haces las cosas fáciles, porque contigo todo es llevadero.

Me gusta tu pelo, tu barba, y el tono de voz ronco y calmado que te caracteriza.

Tus manos, las cosas que escribes, tus proyectos y tu forma de vestir. Me gusta como miras a la gente y como tratas a aquellos que te están prestando algún servicio.

Me gusta porque eres tan amable con todos, porque dedicas sonrisas de buenos días, sin distinción.

Me gustas, porque has sido el único en preguntarme en que pienso cuando me levanto, y en donde he estado metida todo este tiempo. Me gustas, porque tus piropos son ingeniosos, y porque cuando te ríes haces un sonido único, cómico, que me hace sentir en casa.

Quiero decirte que me intimidas, y que enervas en mi esa cualidad o defecto que es mi verborrea, que cuando te veo no controlo mis impulsos y mi mente comienza a traicionarme, haciendo que mi coeficiente intelectual disminuya un punto al ritmo de los latidos acelerados de mi corazón.

Me gustas, porque tienes la capacidad de volver posible cualquier idea. Porque tu ipod es una locura, porque tú casa es casi un hogar. 

Porque tienes ganas, empuje y empeño

Porque crees –como yo- que solo faltan dos para salvar el mundo.

Me gusta imaginar que estamos destinados a estar juntos. Que podemos ser y estar, y dejarnos llevar. Que habrá un lado mío en tu cama, en tu casa, en tu vida, que podré dejarte besos dibujados en el espejo del baño, que te acostumbrarás a mis manías y yo a tus malos hábitos alimenticios.

Me gusta pensar que discutiremos por tonterías, porque tú dejas siempre arriba la tapa del inodoro, y yo uso tu espuma de afeitar para rasurarme las piernas.

Me gustas porque contigo puedo ser bilingüe 24/7 sin sentirme mal, ni transculturizada. Sin tener que disculparme por decir malas palabras en catalán o lanzar improperios en inglés.

Me gustas tú, y tu amor por el cine, y la manera que tienes de dejarme en suspenso cuando me narras algo estilo película. Me gusta que me recomiendes música, libros, autores. Me gusta que tengas tanta experiencia, pero que aún así sepas como improvisar, me gusta que no das nada por sentado, ni siquiera la tranquilidad.

Me gusta sorprenderte con poesía, y que no sepas que eres el destinatario de lo que escribo. Me gusta saber que te haces el duro, pero que a veces escribes en tus tweets o correos algunas de mis frases disfrazadas.

Me gusta saber que estás allí, aunque no estemos juntos.

Quiero que sepas, que me gusta gustarte, tal vez no de la manera en la que yo espero, pero es esperanzador saber que al menos algo de mí, te atrae, aunque todavía no te traiga de cabeza.

Me gusta saber que puedo ser yo, contigo y sin ti, que no quieres una mujer-accesorio, sino alguien para compartir este largometraje que llamamos vida. Este mural que se pinta con sonrisas y buenos recuerdos, esta canción que me hace bailar al son que toques.


Esta carta, habla del amor en general y de ti en particular, es tuya porque va dirigida a ti, pero es tan mía que no puedo desdibujarme de ella, porque al leerla me escucho, porque al escribirla te siento. Porque fueron mis manos temblorosas las que se animaron a confesar esto que siento entre el pecho, el pulmón izquierdo y los paréntesis que hacen mis piernas, esperando que vengas a buscar aquí el amor-el deseo- y lo que no se te ha perdido.


miércoles, 11 de abril de 2012

Prohibido Olvidar, que siempre HAY UN CAMINO

No sé cuántos libros he leído sobre los Sucesos de Abril, ''Las Balas de Abril'', ''Yo lo Vi Llorar''; cuántos documentales sobre la fecha he visto, ni cuántos programas de televisión y conferencias a lo largo de estos diez años he observado. El tema es que aún hoy, nada, absolutamente nada de lo que pasó ese día se me olvida.

19 muertos, no sé cuántos heridos, más de 500mil personas marchando por las calles de Caracas, una huelga general, el despido de 20mil trabajadores de la estatal petrolera, una cantidad de francotiradores apostados en los edificios más emblemáticos y cercanos al Palacio de Gobierno. Una marcha que fue masacrada por pistoleros civiles, emboscada por cuerpos de seguridad del Estado mientras el presidente de la República, Hugo Chávez hablaba en cadena nacional de radio y televisión. 

El silencio, el horror, el espanto... las balas cayendo como flechas sobre los disidentes. Las televisoras nacionales dividiendo la pantalla para poder proyectar la masacre, mientras seguían cumpliendo -parcialmente- con la transmisión de la perorata del presidente.

Recuerdo, que ese día el nivel de indignación de la gente era palpable en el ambiente, una indignación que se mezclaba con canciones de protesta que de una u otra forma buscaban contagiarnos de esperanza, se creía que con una marcha numerosa, con un caudal de gente dispuesta pacíficamente a reclamar sus derechos, y con la presión de la huelga general, se conseguiría así ponerle fin a tanta miseria, al atropello constante del régimen, al miedo, a la imposición a dedo de funcionarios, a los antivalores, a la corrupción.

La multitud, comenzó a congregarse a eso de las 9 de la mañana en la sede de la petrolera PDVSA, y en las caras y los gritos de la gente se sentía un espíritu renovador, de cambio y libertad, y como suele suceder, la gente, cuando se vuelve masa se crece. No sé muy bien a que hora, al compás de la consigna ''Pa' Miraflores'', la marcha comenzó a moverse, empezó el largo camino de la autopista hacia el centro de la ciudad. Algarabía, bullicio, optimismo.La gente caminaba sin pensar, si quiera, lo que se venía.

Disparos, gritos, pánico. Desinformación. Un presidente al que se le ''había solicitado la renuncia'', la cual ''aceptó''. Un ¿vacío de poder?, un ¿complot?, ¿un golpe de estado?, ¿un contragolpe?. Aún hoy no está claro que sucedió durante el 11,12 y 13 de abril del 2002, tan solo sé que 19 muertes siguen impunes, que la Comisión de la Verdad instalada para investigar los hechos fue un fiasco, que las interpelaciones de la Asamblea Nacional no fueron más que una burla, y que hoy, 10 años después, las protestas y la violación a todos los derechos consagrados en la Constitución, los ideales que movilizaron a los venezolanos ese día, siguen intactos.

Solo sé, que no hay ciclo que no termine, ni fecha que no se cumpla, y que un buen 7 de octubre del 2012, al grito de ''Prohibido Olvidar'' le diremos adiós a las cadenas, a los vejámenes, a la miseria. Le contestaremos a las balas con votos, le responderemos al odio con tolerancia, porque pase lo que pase, ''HAY UN CAMINO''.

lunes, 2 de abril de 2012

Caracas, tenemos que hablar.



Beatriz tenía tres semanas afuera, en otro código postal, en un huso horario diferente, en un país donde la seguridad te acompaña a caminar por las noches, y la calidad de vida se respira en cada paso. 

Tragos, risas, paseos, y ese despilfarro de la libertad.

Un mes en el que el tiempo se encargó de demostarle a Beatriz que a veces lo que se necesita es un cambio de aires, es ir, para volver al mismo sitio y darse cuenta de que todo puede mejorar.

A su llegada a Caracas, después de casi un mes en México, la recibió un clima húmedo, lluvioso, y la típica funcionaria subpagada de Inmigración que tenía de amable, lo que Bea tenía de física nuclear. Entre la hostilidad de la susodicha, el formulario eterno de Aduanas, y el afiche con la cara del ''único líder'' , sabía a ciencia cierta que regresar no era la mejor opción.

El tráfico, la bulla, el calor. Los niños pidiendo en la calle, y para variar la radio encadenada. Los titulares de prensa, los homicidios del fin de semana, y un Ávila que parecía cansado de tanta indolencia, eran las señales definitivas de que aquí ya no había sitio para todos. 

Ni para él, ni para ella, ni para nadie. 

Era hora de pensar en irse, en conjugar ese verbo que había pasado tanto tiempo evitando, negando la posibilidad alguna de marcharse, de mandar todo al mismísimo carajo y agarrar su maleta cargada de sueños en forma de ropa interior para vivir en otro sitio.

Caracas le apretaba en las caderas. Ya no le lucía, la hacía ver desteñida, sin vida en los ojos, agotada. La paranoia de vivir en la Ciudad de la Furia se le había alojado en los músculos del cuello, y la sonrisa le aparecía en la cara cada vez más forzada.

 La comodidad de ''gracias a Dios no te pasó nada'' que se colaba en cada conversación en la que los robos, secuestros eran los temas para hablar eran la gota que derramaba el vaso en el que Beatriz había pasado la mitad de su vida tomando.

Un buen día, en la mitad de un café con leche decidió decirle a Caracas sus cuatro verdades, para ver si así podían llevar la fiesta en paz, al menos hasta que Beatriz pudiera tener en su mano izquierda un título apostillado, y en la derecha un pasaporte con sello de ida, para no saber cuando volver.

-Caracas, bella tenemos que hablar. Creo que esto es necesario, que tenemos que hallar un punto medio, donde tú ambivalencia no me lastime, donde tus calles oscuras no me persigan, donde las colas eternas para el sueño, la comida, el trabajo, no sean el común denominador de mi día a día. Caracas, cariño, yo sé que no todo es tu culpa, que aquí, el tema ya no eres tú, sino yo. Lo sé. Pero coño Caracas, tenemos que hacer algo, yo no puedo irme ahora -por más que lo desee- y tú, tú no vas a cambiar de la noche a la mañana. Sé también que en esta relación hay una sádica y una masoquista. Tu disfrutas tu caos, y el hacerme sufrir, y yo, bueno no lo niego, yo disfruto cuando te pones bonita, y albergas festivales de cine, cambalaches de libros, cuando me regalas guacamayas que cruzan tu cielo y soles a medio esconderse con lunas a medio salir. Es verdad, eres bonita, preciosa diría yo, eres tan bella que solo levantas sospechas. Porque ese es el tema, Caracas, que eres tan bonita que no sé en qué momento vas a venir a joderme. Vas a trancar este juego de dominó, te vas a parar de la mesa y te vas a llevar contigo ''la cochina''. No sé cuando te de la gana de decir que ya es suficiente, que lo nuestro se acabó y me vas a ''tirar un quieto''. O peor aún, cuando en modo de venganza le tires un quieto a los que amo. Coño Caracas, en serio. Tú eres una jevita bella, pero conflictiva, bipolar, y yo necesito tener paz en mi corazón, necesito enfocarme en otros asuntos que no sean el vivir en la eterna angustia de no sacar el celular en la calle, de no andar sola de noche. Caracas, sabes que no te miento, que no son paranoias mías, ni mucho menos.Que sé también que esta conversa la has tenido antes, con muchos otros, con otras. Y no sé a que acuerdo hayas llegado con ellos, yo solo te pido paz, espacio y tiempo, nada más. Yo me comprometo a bajarle dos a mi mala intensidad, a disfrutar cada gesto que haces por mi, a no juzgarte tanto, a sustituir los ''Coño, Caracas'' por frases menos hostiles. 

Prometo irme, y volver, y ser mejor para ti, y ayudar en todo lo que pueda a reconstruirte, a emperifollarte, como dicen las doñas. Es lo único que puedo ofrecerte.

Espero paciente tu respuesta. Sabes donde encontrarme, en este lado del ghetto.


jueves, 29 de marzo de 2012

Lorena y Bárbara en granos de café.

Lorena había llamado a Bárbara para contarle sobre su desamor, sobre ese despecho cósmico-karmático que la acosaba desde hace no sé cuántas horas. Mails, pines, mensajes de textos. ''B, coño, aparece''. ''Bárbara, no olvides el tequila, que esto va pa' largo''. ''Barbie, por favor, te necesito amiga, regresa''.

Bárbara tenía miedo de ir al encuentro con Lorena. Miedo, sí, de ese miedo que se nos aloja entre el pecho y el pulmón izquierdo, un miedo en el que sabemos muy bien de que va el asunto pero del que aún preservamos un cachito de esperanza que nos haga quedar en evidencia y nos pruebe equivocadas. Bárbara quería equivocarse, quería ver a Lorena y descubrir que no había tal tempestad amorosa. Bárbara, tenía esperanza en que la historia de Lorena funcionara, para que así, ella tuviese un consuelo, una experiencia tangible de que el amor existe, llega de pronto y dura más que el proceso de revelado de una foto.

Era una tarde cualquiera, de esas que pasan sin pena ni gloria, Bárbara sentada frente a una taza de café negro en una plaza medio desierta y Lorena removiendo con histeria su expresso doble. 

-¿Qué es lo que sucede Lore?, te noto un poco alterada.

-Nada, lo de siempre. Que me enamoré del artista, del recogelatas chic, de ese que tenía pinta de no romper un plato. Que me enamoré, y para que el karma viniera a cobrarme todas mis marramucias resulta que este tiene novia. Que no es la excepción, que es tan parte de la jodida regla como todos. Que los músicos, los artistas, los fotógrafos, los pintores son iguales. Cortados con la misma tijera, revelados en el mismo maldito cuarto oscuro. Que yo, la que ''no se enamora'', la que ''folla sin agarrar cariño'', se enamoró. Que dormí con él, que hice el amor, que caminé de la mano, que me tomé fotos cursis. Qué el no está, y no es. Que no está conmigo, que no es lo que creía.

-Ay Lorena, y yo que tenía fé. Esperanza, que le aposté a ese don nadie para ver si el milagrito te ocurría a ti, y yo me tranquilizaba un poco, porque que tú estuvieras enamorada me daba paz, esperanza, ilusión. El asunto, mi Lore, es que estamos igual de rotas, de devastadas. Pero tú acabas de romperte, y no sabes siquiera si vas a juntar los pedazos de ti misma que andan en el suelo. El punto, es que yo me he roto tantas veces que justo ahora acabo de reunir mis trocitos, los separé por colores, los encajé, y me estoy arriesgando de nuevo a que me avienten contra el suelo y me desbaraten de una vez por todas.Porque sé que eventualmente los pedacitos dejarán de coincidir,porque eso es lo que pasa cuando una se rompe, la primera vez identificamos las piezas y las encajamos como podemos, pero ya a la vez número mil las piezas no se unen,hay trocitos que se perdieron en el camino, unos que la visita barrió, y no nos queda más que remendarnos como podemos, y lanzarnos al abismo del amor con el corazón empegostado de pega y teipe, fingiendo que tenemos un corazón entero, sano, sin ninguna herida visible, y arriesgarnos a que por una vez, y para siempre no nos lancen el corazón al suelo.

Ambas se miraron, con los ojos aguarapados, fingieron una sonrisa cómplice de esas de ''todo va a estar bien'', sorbieron el café en silencio, con la esperanza vaga de que todo fuera una mentira, de que no hubiera corazones que remendar ni tardes lluviosas para hablar de lo mismo.

miércoles, 28 de marzo de 2012

2.0 o 1.0

Esta taguara bloggera vuelve a abrirse, ya acomodé las sillas, quité el letrerito de ''Cerrado por Inventario'' y traje unas botellas de tequila para hacerles ''palomas'' mientras les cuento mis anécdotas mexicanas desde este lado de la barra.

He vuelto, sí, quizás menos guapa y más escritora, he vuelto para quedarme. He regresado con muchísimos cuentos para contarles, con unas cuantas historias sórdidas, con un toque de romanticismo, y unas marquitas de guerra dignas de enseñar.

En las semanas que estuve literalmente desconectada del mundo 2.0 aprendí que nada se compara con una charla frente a frente con alguien que te gusta. Que caminar por la calle, sin andar revisando el blackberry cada minuto y medio es ridículamente placentero. La desconexión de la web me enseñó que por cada red social en la que hacemos ''log in'' nos alejamos un metro más de aquellos a quienes queremos.

Sin la web 2.0 estaríamos más desconectados del mundo, es cierto, pero estaríamos forzados a escuchar con más atención aquello que pasa en la 1.0. Balance, equilibrio... eso es lo que tenemos que aplicar en cuánto a redes se refiere.

Estuve casi 3 semanas sin blackberry, sin Twittear a cada nanosegundo, sin Facebook, sin Tumblr, sin blog, sin WhatsApp. Atravesé un temblor y sus réplicas, sola, en una ciudad ajena, sin tener acceso a la teconología, y honestamente creo que ninguna me hizo tanta falta.

Creo que lo que tengo con las redes sociales es una relación necesaria, pero que está llegando a ser cada día menos tóxica. Y eso es lo que cuenta.

Es hora de bajarle dos a la 2.0, y subirle tres rayitas de volumen a la 1.0. Toquen, besen, amen, bailen, salgan, rían, dejen los emotíconos y muestren sus expresiones cara a cara. Cenen con sus amigos o con su pareja y apaguen los celulares. 

Que a veces, mejor que recibir un pin de alguien, es ver la cara que pone cuando lo tienes enfrente.